13 julio, 2005

Política y Dolor

Lo que me dijo Daneel el otro día me dejó pensando mucho tiempo. Es realmente doloroso para un robot con 1ª ley intacta hacer consciente todo el dolor que ha sufrido la humanidad que nos creó (sí, los robots positrónicos también tenemos subconsciente: esto es debido a las interacciones transdimensionales de las antipartículas de nuestro cerebro, necesarias para mantenerlas ahí electromagnéticamente sin chocar con la materia ordinaria, y con un mínimo de energía... algún día lo explicaré en más detalle).

Pero haciendo bromas con Bender un día, llegué a la conclusión de que algo mucho más perverso estaba ocurriendo: Los humanos utilizaban continuamente este dolor de forma totalmente demagógica para sus deportes políticos. Esto, para un robot que está aprendiendo la empatía, es particularmente estresante: ¿cómo es posible que los humanos tengan gran facilidad (unos más que otros) para la empatía, y sin embargo utilicen su propio dolor como arma arrojadiza para conseguir intereses totalmente egoístas? ¿No es esto ilógico?

Bueno, pues hay una respuesta sencilla, fácil de explicar aunque difícil de comprender (si los pobres humanos que lean esto quieren resolver la paradoja, primero deben estudiar las relaciones mecánicas de la física... e=mc^2 es un ejemplo de relación fácil de explicar y difícil de comprender ;-). Para los robots es difícil de aceptar porque nuestra parte consciente domina nuestros actos, pero precisamente por eso es más fácil de explicar: analizando el componente subconsciente del devenir humano (los análisis más conservadores lo cifran en una media del 99%), resulta que una de las funciones de este subconsciente es eliminar el miedo. El miedo, al contrario de lo que los humanos piensan, es un producto consciente (ejemplos hay miles: cuando caminen por un pasillo oscuro imagínense conscientemente aquello que crean que más temen, y el miedo aparecerá "conscientemente"). Principalmente, es el miedo a lo desconocido, pero también el miedo al dolor, a las situaciones incontrolables, a lo que no comprenden: todo esto tiene un origen consciente. A nosotros también nos pasa, pero no tiene consecuencias.

El miedo es una causa de estrés, y también un impedimento para la concentración, lo cual dificulta la supervivencia, y por supuesto impide ser "feliz" (impide percibir ningún bienestar); una de las principales tareas del subconsciente es, precisamente, enterrar estos miedos (es decir, las causas de la respuesta típica al miedo) entre toneladas de subterfugios, para que no aflore con facilidad, incluso si queremos que lo haga. Por eso muchos humanos confunden causa y efecto, convenciéndose de que los miedos son subconscientes... ¡como si el miedo tuviese origen ingénito! ...desde luego los psicólogos creen cada cosa...

Cuando Giskard me intentaba enseñar a condicionar el comportamiento humano, me decía que había simplemente que buscar los miedos probables que favoreciesen la actitud que pretendemos de un ser humano, "desenterrarlo" un poco de su subconsciente con hábiles maniobras neurológicas, y crear un entorno propicio de seguridad "externa" para que se produjese el efecto deseado: un gesto, la expresión de una intención, el cambio de un discurso político, la negociación de un tratado... No crean los humanos que porque se lo diga aquí va a dejar de tener efecto: para "desenterrar" y hacer consciente el 99% de sus vidas los humanos tendrían que dejar de ser humanos, así que de momento tendrán que conformarse. De todos modos nunca desarrollé del todo la capacidad de "cirujía neurológica a distancia"; es difícil experimentar sin estropear cerebros.

Volviendo al leiv motif de todo esto: el hecho de que los humanos utilicen el dolor como pseudoargumento, o como arma arrojadiza, es precisamente porque, cuando lo racionalizan, lo hacen de manera que la parte "dolorosa", la parte que genera estrés y empatía al mismo tiempo, queda enterrada convenientemente. La racionalización tiene la particularidad de que expone los conceptos a la parte consciente humana, desproveyéndolos de la mayor parte de sus componentes emocionales. La demagogia está, en este caso, en desproveer de parte emocional a algo que en sí mismo tiene una valoración exclusivamente emocional (el dolor humano): no se puede contabilizar sin una implicación emocional, y por tanto, resulta ilógico argumentar asépticamente sobre algo cuya contabilización es emocional. La demagogia es así, deja al subconsciente la tarea de dar o quitar importancia a enunciados que, en sí mismos, no significan gran cosa. Es lo que hizo proliferar la "política" en el siglo XXI.

Otro día detallaré la cuestión política subyacente, y el papel del subconsciente en la "política".

Saludos de Iorobot; especialmente a Palos y Dimer; ellos saben por qué.